Retrato de muchacha sentada frente a mí en el tren

Tiene el cuello desnudo, libre de cadenas
y abalorios. El pelo, muy negro y muy rizado,
lo recoge en la nuca, y lo remueve. Cejas
bien labradas, pestañas con el justo punto
de sombra y artificio. Los labios, marcados
con un rojo suave; los dientes, naturales.
Puede que se exceda con la crema hidratante,
pero la piel es tenue, limpia, bien cuidada.
El ligero rastro de una arruga advierte
que no es una niña. Una blusa ligera,
desabotonada. Debajo, camiseta
negra de tirantes: la tersa insinuación
de los pechos, opuestos al bullicio inútil.

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