Suite para escritura sola

Armonía leve. Sutil desplazamiento
de los dedos rozando la piel del teclado.
La pantalla en blanco. De pronto, una palabra,
y otra después, y otra, y por fin la frase
se compone. Tiene sentido. Otra frase
sigue, una tercera, hasta que se culmina
el párrafo. Empieza a extenderse la mancha.
Alguna vez el dedo se detiene, y duda,
-un temblor ligero, como de incertidumbre
o ansia- y, en ocasiones, pulsa el retroceso
y borra algo ya dicho, que nadie sabrá
que ha sido dicho. Horas, o solo minutos:
el poema existe. Inesperadamente.

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