Cena a seis

 

Nos vemos muy poco, aunque, desde que Pablo
se instaló en Menorca, las distancias parecen
haber disminuido. Cada vez que viene
-y viene con frecuencia- buscamos un hueco,
o nos escribimos, o estamos muy pendientes
en fin, unos de otros, de un modo, al tiempo,
tierno y displicente, si así puede decirse.
Estuvo bien, la cena. Un sitio agradable,
ni engolado ni cutre, con la carta muy
en el justo punto de innovación y el tono
perfecto para una charla distendida.
Luego fuimos a un local de jazz. Hablamos
poco, pero se nos veía relajados.

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