Vejez

Cuando sea viejo y no me queden ganas
de seguir labrándome un futuro; cuando
haya zanjado deudas y olvidado nombres
de enemigos y amantes; cuando me preocupe
solo de que el riego del jardín no se atore
y del cumpleaños de mis nietos (táchese
si no procediese); cuando me limite
a tomar una copa de vino mirando
la montaña y el cauce del nevero; cuando
en definitiva queden solo los títulos
de crédito pero me empeñe en querer verlos…,
al fin habré aprendido, o al menos lo espero,
a estar, puramente, sin aspavientos vanos.

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