Un periódico nuevo

Me encontré el otro día con un afamado escritor y periodista y entablamos la siguiente conversación:

-Y ahora que ya has triunfado y lo eres todo en la profesión, ¿por qué no haces un periódico digital? Si todos lo hacen, ¿por qué no tú?

-Todo el mundo me hace esta pregunta últimamente y, es verdad, me digo, ¿por qué no he de publicar un periódico digital yo también? En todos los países cultos y despreocupados todo se encierra ya en las columnas de los digitales. La moda del día prescribe los libros cortos, si han de ser libros. Y si hemos de hablar en razón, convengamos en que todo está dicho en un tuit. Los adelantos materiales han ahogado de un tiempo a esta parte las disertaciones metafísicas y las divagaciones científicas. Las opiniones han desterrado a las ideas. Los blogs y los digitales, a los libros. La prisa, la rapidez, diré mejor, es el alma de nuestra existencia, y lo que no se hace deprisa, no se hace de ninguna manera; razón por la cual es muy de sospechar que no hagamos nunca nada en España. Así que, ¿por qué no?

-¿Y cómo lo concibes?, ¿cómo te gustaría que fuera?

-Si el periódico digital es un síntoma de la vida moderna, no nos admiremos si, fieles a su origen, los periódicos han conservado la afición a mentir, que los distingue de las demás publicaciones desde los tiempos más remotos; en lo cual no han hecho nunca más que administrar una herencia. El mío, pues, no ha de ser distinto..

-Pero un periódico tiene muchas ventajas…

-Innumerables, en efecto; habiendo periódicos, en primer lugar, no es necesario estudiar, porque a la larga, ¿qué cosa hay que no enseñe un periódico? Sabes por un periódico la hora a que empieza el teatro, y algunas veces la función que se representa, es decir, siempre que la función que se representa es la misma que se anuncia; esto, al fin, sucede algunas veces. Por los periódicos sabes de día en día lo que sucede en Navarra, cuando sucede algo; verdad es que esto no es todos los días; pero para eso muchas veces sabes también lo que no sucede. Por un periódico sabes que hay Cortes reunidas para elevar sobre el cimiento el edificio de nuestra libertad. Por ellos se sabe que hay dos cámaras, el Congreso y el Senado. Por los periódicos sabes, mutatis mutandis, es decir, quitando unas cosas y poniendo otras, lo que hablan los oradores, y sabes cuándo una discusión es tal discusión, y cuándo es meramente conversación, para repetir la frase feliz de un orador. Convengamos, pues, en que el periódico es el grande archivo de los conocimientos humanos, y que si hay algún medio en este siglo de ser ignorante, es no leer un periódico.

-¿Entonces tienes ya un proyecto montado?

-Por supuesto. El periódico se titulará Fígaro, un nombre propio que no significa nada y a nada compromete. Con sólo contar nuestras cosas lisa y llanamente, ellas llevan ya la bastante sal y pimienta. He aquí una de las ventajas de los que se dedican a graciosos en nuestro país: en sabiendo decir lo que pasa, cualquiera tiene gracia, cualquiera hará reír. Sea esto dicho sin ofender a nadie.

-¿De qué tratará? ¿Será un periódico especializado?

-El periódico tratará… de todo. ¿Qué menos? Pero como no ha de ser ni tan grande como nuestra paciencia, ni tan corto como nuestra esperanza, y como han de caber mis artículos, no pondremos los decretos del gobierno ni las leyes. Por otra parte, no gusto de afligir a nadie; por consiguiente no se pondrán los nombramientos; menos gusto de estar siempre diciendo una misma cosa; por lo tanto, fuera los partes oficiales. Estoy decidido a no gastar palabras en balde; mi periódico ha de ser todo sustancia; así, cada sesión de Cortes vendrá en dos líneas; algunos días en menos; muchas veces no ocupará nada.

– Pero ¿política?

-Artículos de política los habrá. Éstos, en no entendiéndolos nadie, estamos al cabo de la calle. Y eso no es difícil: sobre todo quien no los ha de entender es el que paga la publicidad. Oposición, eso por supuesto: a mí, cuando escribo, me gusta siempre tener razón.

-¿Economía?

-De eso, largamente, pero siempre en broma, para nosotros será un juego esto; no nos faltará a quien imitar. Los asuntos de cuentas sólo son serios para quien paga; pero para quien cobra… Desentrañaremos esto; y tanto queremos hablar de esta materia, que no nos detendremos en enumerar lo que se ha hecho; sólo hablaremos de lo que falta por hacer.

-Tendrá una sección de Cultura…

-Por supuesto.. En cuanto se publique un libro bueno lo analizaremos; por consiguiente, no seremos pesados en esta sección. De teatro no diremos nada mientras no haya nada que decir. Felizmente va largo. De música, buscaremos un literato que sepa música, o un músico que sepa escribir; entretanto, Fígaro se compondrá como se han compuesto hasta el día los demás periódicos. Felizmente pillaremos al público acostumbrado; y él y nosotros estaremos iguales.

-¿Habrá en tu periódico un espacio para la moda y para otras secciones, digamos, frívolas?

-¿Y cómo no? Habrá una sección en la que hablaremos de corrupción, de procesos, de denuncias…, en una palabra, todo lo que está de moda… a la última siempre…. y hablaremos de costumbres. Por supuesto: malas; lo que hay. Fígaro hablará, bajo este título, de paciencia, de tinieblas, de mala intención, de atraso, de pereza, de apatía, de egoísmo. En una palabra, de nuestras costumbres… También habrá anuncios. Queriendo hacer lo más corta posible esta parte del periódico, sólo anunciará las funciones buenas, los libros regulares, las reformas, los adelantos, los descubrimientos. Ni se pondrán las pérdidas, ni menos todo lo que se vende entre nosotros. Esto sería no acabar nunca.

-Entonces ya está todo….

-Ya está concebida la idea. Ahora falta el dinero. Si lo tuviera, no sería yo el que me pusiera a escribir tonterías para divertir a otros; o tener empleo con sueldo…, pero si tuviera empleo, y jefe, y horas fijas, y expedientes, y el riesgo del despido al ojo, no tendría yo humor de escribir periódicos…; o ser catedrático…, pero si fuera catedrático sabría algo, y entonces no serviría para periodista… Así que tendré que pedirlo…

-¿Y la tecnología? ¿El software? ¿Todo eso que se necesita para un digital?

-He visitado a varios proveedores. Unos me dicen que tienen mucho lío. Otros, que lo que quiero es muy difícil; el de más allá, que hay que trabajar muchas horas.

–¿Conque es imposible hacer un digital?

–Poco menos; y si acaso te lo hacen, será caro y mal. Pondrán unas letras por otras. Y si te enfadas algún día por una errata, te dejarán plantado, y si no te enfadas, también.

-Te veo desanimado, amigo mío.

-En absoluto, en absoluto. Me siento, mutatis mutandis, como aquel personaje de Beaumarchais que decía: «Se ha establecido en Madrid un sistema de libertad que se extiende hasta a la imprenta; y con tal que no hable ni de la autoridad, ni del culto, ni de la política, ni de la moral, ni de los empleados, ni de las corporaciones, ni de los cómicos, ni de nadie que pertenezca a algo, puedo imprimirlo todo libremente, previa la inspección y revisión de dos o tres censores. Para aprovecharme de esta hermosa libertad anuncio un periódico…»

–¿Cuándo se escribió esto?

– En 1784.

–Bien. Y tú, ¿cuándo empezaste a pensar en todo esto?

–El 22 de enero de 1835.

-En fin… Pues te agradezco la charla, amigo Larra.

-Un placer. Pero prefiero que me llames Fígaro.

[Recreación bastante libre pero muy fiel del artículo Un periódico nuevo, 
de Mariano José de Larra)

 

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Ha cerrado bez.es

Bez era un buen periódico y, además, sus dos directores son amigos míos. Así que nada puedo decir, sino que lo siento enormemente. Porque mezclar el análisis con la amistad no da buenos resultados.

Es además costumbre generalizada escribir, en estos casos, que el cierre de un periódico es siempre doloroso. Bueno, sí, de algún modo: como el cierre de una mercería o de una fábrica de churros. Cualquier cierre es siempre doloroso (despidos, pérdida de riqueza), pero a mí no me apenó nada la desaparición de El Alcázar, por ejemplo, y eso que trabajaba allí un buen amigo mío. Como siempre, cuidado con las generalizaciones.

Los motivos del cierre de bez los han explicado ellos mismos con lucidez y claridad: aún están ahí colgadas sus dos piezas de despedida, como toallas al sol, y sería una necedad repetirlas. Basta con ir a ellas.

Lo que pasa es que más allá de esta circunstancia concreta, conviene darle una pensada a lo que está pasando con los medios, fanés y descangayados casi todos ellos y con poca perspectiva de futuro.

Una bobada, claro, eso de que internet y las redes sociales están acabando con los periódicos. De acuerdo con esa lógica simplista, internet debería estar acabando también con los comercios, con los supermercados, con los lugares de ocio y esparcimiento físico, con las artes plásticas y visuales, con los restaurantes y hasta con el transporte por carretera: todo eso lo ha transformado, pero no solo no ha acabado con ello sino que lo ha potenciado.

También los periódicos. Internet ha terminado con un modelo de periodismo clásico pero ha abierto las puertas a otro que ya tiene algunos modelos exitosos nacidos gracias a la red.

Estamos en plena transición de un modelo a otro, y de ahí tanta convulsión y tanto lío. Pero a mí no me cabe duda de que una sociedad compleja como la nuestra necesita instrumentos y profesionales que nos informen, a los ciudadanos de a pie, de cuanto nos rodea. Y eso es periodismo.

No hay que darle muchas más vueltas: terminaremos dando con la fórmula (algunos ya están dando con ella).

Y lo único que conviene, siempre, en los fracasos, en cualquier fracaso, es ser muy autocrítico y preguntarse qué ha fallado. Puede que el entorno tenga mucha culpa, pero puede que dentro también haya alguna responsabilidad.

Y no lo digo por mis amigos Juan Zafra y Braulio Calleja, que saben analizar las cosas con rigor y extraerán las conclusiones oportunas para afrontar el próximo reto, sino por algún elemento que al rebufo del cierre de bez se puso a escribir tonterías. Y, lo que es peor, falsedades.

Así no hay manera de relanzar el periodismo.